Tiene una trayectoria que impone. Leer su camino profesional despierta admiración y envidia a partes iguales. Diego Navarro es un músico prodigioso que, desde muy niño, activó su creatividad y la plasmó brillantemente en unas partituras que, aún hoy, siguen demostrando que es diferente.
Dos Goyas por Atrapa la Bandera y Mariposas negras adornan, entre otros muchos reconocimientos, la carrera del fundador de FIMUCITÉ (Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife), el festival más antiguo del mundo dedicado exclusivamente a la música de cine y bandas sonoras.
Su último trabajo ha sido poner música a la película de animación Winnipeg, el barco de la esperanza, que relata uno de los episodios más conmovedores del exilio republicano español. La necesidad de creer en el futuro y la esperanza de un mundo mejor…
–Winnipeg, el barco de la esperanza relata una historia que emociona antes incluso de escuchar la música. ¿Qué has sentido al enfrentarte por ver primera a esta travesía de miles de refugiados?
He sentido una enorme responsabilidad. Escribir la partitura de un largometraje de animación que narra una epopeya histórica tan importante, uno de los más bellos actos de solidaridad entre pueblos del siglo pasado, ha sido un reto enorme por la tremenda carga emocional que tiene la historia.
-¿En qué momento supiste qué música necesitaba esta película?
A mí me fascina la historia. Tras leer el guion del film y realizar una investigación ahondando en cuanto sucedió, enseguida tuve claro el tono que quería plantear en la música de la película y comenzó ese proceso interior que culmina en el momento en el que comienzo a escuchar música en mi cabeza. Todas esas ideas se tradujeron a posteriori en el tema principal que escribí y que envié a los productores en su momento como primer planteamiento cara a luego ser desarrollado al resto de la partitura.
“Escribí la banda sonora durante el confinamiento, ese periodo histórico en el que buscábamos esperanza por salir de aquella situación”


Poner música al exilio. La película habla de la guerra civil, de la huida, de la pérdida de la patria y de la incertidumbre ante un futuro desconocido. ¿Cómo se traduce musicalmente una experiencia tan dolorosa sin caer en el dramatismo excesivo?
Bueno, es una pregunta muy interesante. La realidad es que el origen de todo este trabajo a nivel musical se encuentra en esa pieza primigenia que escribí, el tema principal de la banda sonora, que además lo concebí en un momento muy delicado.
Fue hace seis años en 2020, durante el confinamiento al que tuvimos que enfrentarnos durante la pandemia. Cuando terminé de leer el guion, quedé tremendamente emocionado por la historia y en aquel momento todos estábamos viviendo un periodo histórico absolutamente distópico en el que lo que de alguna manera buscábamos era albergar esperanza, esperanza por salir de aquella situación. El guión y la historia me inspiraron de tal manera y la sentí tanto viviendo la situación que todos estábamos sufriendo en aquel momento, que como consecuencia de todo esto, surgió esta música.
Fue una pieza que escribí para orquesta sinfónica y coro mixto que nos habla de esperanza. Es un canto a la esperanza lleno de luz, algo que en aquel momento todos anhelábamos. Todo aquello que estábamos viviendo junto con el impacto tras la lectura del guión, me inspiraron para crear la pieza que se configura como el ADN que luego desarrollé en toda la partitura. Como has podido comprobar, es un proyecto que ha tardado muchos años en salir adelante y estoy involucrado desde sus orígenes.
-La esperanza como hilo conductor. Tengo entendido que has definido este trabajo como uno de los proyectos más íntimos y personales de tu carrera. ¿Qué tiene esta historia para que te haya tocado de una manera tan especial?
Yo soy canario, nacido en Tenerife. En Canarias sabemos mucho tanto de emigración como de inmigración. Además, de emigración en barco. Nuestro pueblo tuvo que emigrar en momentos complicados del siglo pasado, precisamente durante la guerra civil. En diferentes periodos hubo mucho canario que emigró a Latinoamérica, a países como Cuba, Venezuela, etcétera, con una mano delante y otra detrás, para emprender una nueva vida desde cero.
Y después, por otro lado, esta tierra ha padecido este fenómeno de la inmigración africana de manera muy intensa, muy potente, es un auténtico drama lo que hemos tenido que presenciar y que vivir en Canarias y digamos que esta historia como artista me tocó muchísimo por todo esto y porque desde luego considero que nadie por sus creencias e ideales debería verse forzado a huir de su patria, de su país y vivir lo que toda esta gente sufrió en el año 39 como consecuencia de la Guerra Civil. La guerra nunca tiene sentido para ninguno de los bandos.
“La necesidad de creer en el futuro, la esperanza por un futuro mejor, se percibe en la partitura, porque era precisamente lo que estábamos viviendo cuando sufrimos la pandemia”
-Empezaste a trabajar en el tema principal en 2020, en plena pandemia. ¿Hasta qué punto esa experiencia, tan dramática para todos, influyó en una composición que habla, precisamente, de la supervivencia y la necesidad de creer en el futuro?
Pues afectó de una manera masiva y absoluta. La necesidad de creer en el futuro, la esperanza por un futuro mejor. Todo eso se percibe en la partitura porque es precisamente lo que estábamos viviendo cuando sufrimos la pandemia. Y precisamente para eso está el arte, para ser capaces de volcar todos esos sentimientos, sensaciones y traducirlos en música.
-El coro como homenaje a la historia. Uno de los elementos más singulares de la banda sonora es ese coro, inspirado en aquellos vascos que viajaban a bordo del Winnipeg y cantaban durante la travesía. ¿Cómo descubriste ese detalle histórico y cuándo decidiste que debía convertirse en una parte esencial de la partitura?
Lo descubrí precisamente en esas investigaciones que realicé en torno a este capítulo tan importante de la historia. Me llamó mucho la atención que existiese una formación coral dentro del contingente de pasajeros, que ellos mismos llamaban el coro vasco y que sabemos cantaban a capella para hacer la travesía más amena en medio de todas las situaciones tensas por las que tuvieron que pasar durante ese mes que duró todo el viaje.
Como músico, como compositor, me pareció algo tremendamente inspirador. Y de alguna manera decidí que hubiese intervención coral en la partitura y que además jugase un rol muy importante, precisamente como homenaje a ese coro vasco que hizo que de alguna manera todo fuera más llevadero, me pareció una idea preciosa. Ese fue el germen de la idea de que el coro jugase un rol tan importante en la banda sonora.
-La voz humana frente a la orquesta. ¿Qué aporta el coro que no podría conseguir únicamente la orquesta?
La masa coral otorga a la partitura un cariz muy emocional. Más allá de incidir en ese aspecto épico que desde esta historia reclamamos, porque es fue acontecimiento de una enorme grandeza y valor humano, más allá de esto, esa combinación de coro mixto de hombres, mujeres y orquesta, le regala una riqueza a la partitura muy grande.
-¿Buscabas representar la voz colectiva de quienes abandonaron España y, al mismo tiempo, su deseo de mantener viva la esperanza?
Completamente, esa era mi idea, que ese colectivo de españoles que viajaron a Chile y empezaron su vida de nuevo desde cero, estuviesen representado en la partitura a través de ese guiño al coro vasco primigenio que viajó en el barco.
De hecho, respecto al coro en la partitura, hay dos fragmentos con texto en los que pronuncia las palabras `Navis Pei´ que en latín significa barco de la esperanza y después el nombre del navío, Winnipeg. Está presente en el tema principal de la banda sonora. El barco es un símbolo, es el instrumento, el medio de transporte que les anima a tener esperanza por un futuro mejor.



-Tres miradas, una misma historia. La de Julia niña, Julia adulta y su padre Víctor. ¿Cómo construiste la identidad musical de los personajes?
Quise darle a Julia, la protagonista de nuestra película, un rol importante en el score. Como bien has dicho, al personaje lo mostramos en edad adulta, de anciana y también de niña. De hecho, dibujo a la versión infantil de Julia a través de una niña solista maravillosa con la que conté durante la grabación, que en varias ocasiones de la partitura canta de forma tremendamente tierna las notas del tema principal.
Esa es la ejemplificación de Julia de niña. Quería darle ese matiz de ternura, ingenuidad propia de la infancia, de belleza, de luz y creo que está plasmado de alguna manera. El personaje de Víctor, su padre, aunque tiene una importancia tremenda en la película, no quise darle un leitmotiv musical específico.
“Siempre he defendido la idea de que toda buena partitura escrita para la imagen puede tener entidad propia de forma aislada”
-De la pantalla a la sala de conciertos. La música de Winnipeg se ha podido escuchar también en directo, con orquesta y coro. ¿Qué cambia cuando una banda sonora abandona la pantalla y el público puede escucharla como una obra musical en sí misma?
Fue muy emocionante poder disfrutar del estreno absoluto de la suite de concierto interpretada por la Euskadi Orckestra y el Orfeón Donostiarra dentro del festival de cine de San Sebastián de este año. Un lujo poderla escuchar junto con las 3500 personas que abarrotaron el velódromo esa noche.
Siempre he defendido la idea de que toda buena partitura escrita para la imagen puede tener entidad propia de forma aislada. Una buena banda sonora tiene que ser capaz de narrar la historia de la misma manera que las imágenes lo hacen, por consiguiente, cuando un público, una audiencia real en una sala de concierto llega a emocionarse escuchando una partitura que originalmente fue concebida para una película, es la mejor señal de que efectivamente como compositor has podido ser capaz de narrar aquello que estamos contando en nuestra película.
-¿Qué resulta más difícil para un compositor: encontrar el tema musical de una película o saber cuándo debe dejar que las imágenes hablen por sí solas?
Esta es otra pregunta muy interesante. Creo que es muy importante conseguir el equilibrio. Siempre he defendido la importancia del silencio en toda película. Tenemos que intentar encontrar ese balance entre las escenas que necesitan música y aquellas en las que no hace falta, no es necesario. Esa primera inspiración o encontrar ese tema musical o principal, en mi caso, al menos surge si la historia, el guión me emocionan y me tocan por dentro. Es un proceso interno fascinante. Si realmente la historia me emociona, comienza a surgir la música.
-La música que permanece. Cuando el espectador salga del cine ¿Qué emoción o recuerdo te gustaría que permaneciera en el público después de haber escuchado tu banda sonora?
Querría que el espectador saliese emocionado de la sala después de haber visto la película y, desde luego, con mi música incrustada en su cabeza, pero sobre todo con la emoción derivada del significado de haber podido crear una película que enaltece un mensaje tan precioso y tan necesario como el que lanzamos en Winnipeg el Barco de la Esperanza. Es más necesario y actual que nunca, con todo lo que está ocurriendo en el mundo.
“El tema principal es la descripción musical de la epopeya histórica del Winnipeg. De la grandeza de una historia que merece ser recordada y que espero no olvidemos nunca”
-Si tuvieras que resumir la películaen una sola idea musical ¿Cómo sonaría y qué nos estaría contando?
Pues ese resumen, el sentido de toda esa historia como he dicho en varias ocasiones, ya está dibujado en la pieza más importante de la partitura, el tema principal. Esa composición es la descripción musical de la epopeya histórica del Winnipeg. De la grandeza de una historia que merece ser recordada y que espero no olvidemos nunca.
-Después de tantos años componiendo para el cine ¿Sigues buscando nuevos lenguajes musicales o hay emociones universales a las que siempre regresas?
Siempre intento ser fiel a mí mismo. Como bien dices, son ya muchos años escribiendo música para la imagen y lo que intento es crear desde el corazón siempre y de la forma más honesta que pueda, para ser capaz a través de mi música de emocionar en cualquier dirección, de hacer sentir a la audiencia, ya sea sensaciones o sentimientos hermosos y elevados o el más absoluto de los terrores.
Todo depende de la historia que estamos contando ya que estoy al servicio esa historia. Pero, desde luego, intento ser siempre honesto en mi escritura. Soy muy exigente conmigo mismo. Intento siempre darlo absolutamente todo dentro de un lenguaje propio que he ido construyendo a lo largo de los años y que, todo aquel que haya escuchado mi obra lo suficiente, creo que podrá descubrir.

