JAVIER DE MIGUEL

JAVIER DE MIGUEL

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JAVIER DE MIGUEL

Tiene un sentido del humor que muchos están descubriendo ahora a través de su blog y los vídeos que “cuelga” en las RRSS. Es ocurrente, irónico, con una capacidad de improvisación que asombra. De niño gastaba sus ahorros en chucherías y bollos. Ahora es más sensato, no derrocha y tiene bastante tacto con su cuenta corriente. Su mejor arma de seducción es el humor, no le gustan nada las venganzas, admira la virtud de la retórica y aspira a dejar huella por haber hecho siempre el bien. Tiene muy claro, desde hace tiempo, que hay vida más allá de las pasarelas, por eso bebe la vida hasta el último sorbo.

-¿Cómo alguien con tantas inquietudes aterriza en la vida bohemia de la moda?

“Como la mayoría de los modelos por pura casualidad y de una forma muy accidental. Me descubrieron en una discoteca madrileña. Tenía 16 años, me propusieron un casting para un desfile, que en aquel momento yo no tenía ni idea de lo que era. Hablé con mis padres y me dejaron ir porque la prueba era a las 5 de la tarde y ya habría salido del colegio. Fui, me eligieron y el desfile era de Antonio Miró. Antonio Alvarado, que era quien diseñaba en ese momento para ellos, se convirtió en mi mentor. Él me consiguió los primeros trabajos y me llevó a mi primera agencia, en la que estuve muchos años. A partir de ahí, de una manera muy progresiva, fui compaginando trabajo y estudios hasta que, a los 21, al terminar uno de los cursos de Historia del Arte, me ofrecieron ir a Milán a los desfiles, donde me fue muy bien y ya no me bajé del “carro”.

-Así que la leyenda de “me vieron por la calle”, en tu caso se cumplió y te cambió la vida..

“En los modelos masculinos suele ocurrir así. Ten en cuenta que nosotros no tenemos vocación. Siempre ha sido una profesión rara para los chicos. Yo recuerdo que, estando en 3º de BUP, la madre de uno de mis mejores amigos no me quiso ver durante un tiempo porque era modelo y se suponía que no era buena influencia. De aquella la moda estaba asociada a malas praxis”.

-¿En casa lo entendieron mejor o eso de dejar los estudios por la frivolidad te trajo disgustos?

“El primero que pensaba que aquello era una aventura con principio y fin era yo. La experiencia de Milán fue buena, pero nunca pensé que definitiva. Cuando me confirmaron mi primera campaña importante y muy gorda con Gucci, ya me di cuenta que había que plantearlo en casa. La verdad que lo mío fue llegar y besar el santo, no me dio tiempo casi ni a pensar si debía hacerlo o no. Yo seguí matriculándome en los cursos, porque mi idea era hacer compatible ambas cosas, pero me surgieron tantas opciones de trabajo, que me fue imposible. Tengo que reconocer que, al hacerlo así, a mis padres los fui calmando y aceptaron con cierta naturalidad la aventura de su hijo”.

-¿Alguna vez te has arrepentido de elegir ese camino?

“La verdad es que no porque, casi todo lo que he sacado de ello, ha sido positivo. Afortunadamente no he tenido épocas duras, que es lo que te hace replantearte las cosas. Lo he visto en compañeros con muchas posibilidades, que han pasado etapas de trabajar muy poco y que no sabían qué hacer, porque no tenían plan B. Habían dejado los estudios, se habrían enfrascado en esa historia y volver a casa era, en cierta medida, un fracaso. Yo no me he visto nunca en esa situación que, de producirse, tampoco era culpa mía porque nuestro trabajo depende de otros”.

-¿Te has sentido privilegiado?

“Sin duda alguna, sobre todo antes. Ahora estoy ya más equiparado a mi entorno y mi generación. Todo está más normalizado  e, incluso, los sueldos ya son más parecidos. A mis 21 años ganaba muchísimo dinero, viajaba por todo el mundo, conociendo un montón de gente muy prestigiosa. Era algo anormal, pero nunca perdí la referencia de lo que estaba viviendo. Siempre tuve los pies muy asentados en el suelo”.

-¿Qué es lo mejor de todo lo vivido?

“Lo mejor de ser modelo es no tener jefe (risas). Tienes un booker, pero no es lo mismo porque es como un representante, que trabaja para ti. En el aspecto más banal, es una profesión que está muy bien pagada y luego, en el aspecto lúdico, la riqueza que te aporta el viajar y conocer el mundo, porque es la realidad. Pasas el tiempo, en las ciudades más increíbles del mundo, durante muchos años. Vives tu evolución personal y las de estas ciudades en paralelo”.

-¿Y qué hay de aquel Javier de 16 o 21 años en el hombre consagrado de hoy?

“Fíjate que sigo pensando que mucho, aunque ya no me veo como era antes. Ya no me puedo comparar. Me encantaría haberme grabado, durante días seguidos, para ver ese cambio. Ahora es más fácil. Yo tengo grabada mi vida en video gracias a las redes sociales. En el fondo, creo que no he cambiado mucho. Mi esencia es la misma, mi forma de ser, de comunicarme, de tratar a los demás es la de siempre. Nunca le he preguntado a mi familia y amigos si he cambiado, pero nunca me han dado un toque, así que eso debe de ser buena señal.

-¿Te has sentido utilizado alguna vez en este trabajo?

“Tengo que decirte que no, pero debo reconocer también que soy un poco despistado, tú lo sabes. Pero, ahora que me preguntas esto, me viene a la cabeza una amiga, con la que me llevo muy bien, y que últimamente solo recurre a mí para pedirme cosas. Igual es algo de lo que me dices, pero no puedo asegurar que me sienta utilizado, sobre todo porque pienso que, a nivel laboral, no puedo aportar mucho al que quiera beneficiarse”.

-Ahora se ha sumado a tu CV el papel de influencer ¿Ya notas que hay un motivo más para que la gente recurra a ti?

“Sinceramente sí. Yo tengo ahora una herramienta como es mi blog, que por las entradas y visitas que tiene, sé el alcance y la capacidad de influencia que puede llegar a tener. Mis seguidores son reales, no comprados ni fakes. En ese sentido, juego limpio. Sé que llego a la gente por el feedback que recibo. Yo no pretendo influir en nadie ni venderles nada, solamente escribo expresando mi manera de pensar, transmito una forma de ver la vida. Y eso se materializa en sentimientos, que es lo que percibe la gente. En esta etapa, cada vez queda menos del Javier de Miguel modelo. Mi boom ya lo tuve y ahora soy más un profesional con perfiles en RRSS, que transmite sus vivencias. Y me gusta mucho esta experiencia, estoy disfrutando con esta aventura”.

-¿Se ha convertido en un plan B vital?

“De momento es un plan B de transición, que está surgiendo de una manera muy natural. Las marcas ya me contactan para que saque su producto en redes sociales, no para que haga un catálogo. Y también está muy bien pagado. ¿Transición hacia dónde? Eso ya no te lo sé decir. Vivo el momento y me dejo llevar por donde la vida me conduzca. Igual me sorprende de nuevo, pero sí tengo claro que en la comunicación está el futuro”.

Y dejamos volar la imaginación pensando en el camino que nos espera. Soñar es gratis, dice el refranero, pero nada como conocer nuestras limitaciones para disfrutar de lo que obtengamos y no sufrir por lo que no conseguimos.

 

Entrevista: Amalia Enríquez

Fotos: Juan Tejada

Localización: Hotel Only You (Madrid)

ALAIN HERNÁNDEZ

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Me gusta de él su vulnerabilidad y la natural facilidad que desarrolla para transmitir a los demás esa emoción que, a veces, se apodera de su sensibilidad y le empaña la mirada. Admiro su valentía para lanzarse, sin red, a la aventura de la vida en lugar de acomodarse a una existencia resuelta. Estudió Marketing y RRPP pero el destino, que en ocasiones hace bien las cosas, le tenía preparada una sorpresa bien merecida. Sin embargo, el camino no ha estado exento de piedras…

“Llegué a la interpretación por casualidad. No sé si llamarle destino y ni siquiera vocación, porque para mí siempre fue un hobby que, en un momento determinado, se me escapó de las manos y que ya se ha quedado en mi vida. Yo hice un curso de interpretación para evadirme de la rutina del trabajo, que desarrollaba en la empresa familiar. Empecé a intuir que me podría ir bien, pero no pensaba en un futuro dedicado a eso porque mi vida era muy distinta. Fue un curso de seis meses y, al terminarlo, me di cuenta que me gustaba muchísimo, que se me daba bien y me “enganchó”, pero tenía los inconvenientes de la empresa familiar y mi matrimonio, porque estaba casado en ese momento. Quien me hizo dar un paso adelante fue el profesor de ese curso, Peter Gadish, un húngaro muy sabio, que me dijo: “Tú tienes que hacer teatro, tienes talento. Es lástima que el mundo de la interpretación se pierda actor como tú”.

-Y, entonces, te entró el vértigo de la decisión..

“Totalmente. Por un lado era la maravilla de poder hacer lo que, de verdad, me motivaba y, por otro, tener que enfrentarme a la realidad de mi entorno. Tenía 28 años y, durante tres, alterné el trabajo familiar con cursos de interpretación. En segundo ya empecé a hacer algunas cosas en las televisiones locales y cortometrajes. La aventura empezaba a tomar forma, pero la familia no lo entendía y mi ex mujer tampoco. Cambiar un futuro resuelto, una vida predestinada, por la inestabilidad de esta profesión es algo que no asimilaron pero, aun así, lo hice”.

-¿Y hoy qué dice tu familia?

“Imagínate, se les cae la baba. Ahora viven con intensidad todo lo mío, le dan importancia a todo lo que hago, se interesan por todo y le dan más mérito a lo conseguido, aunque no me lo dicen mucho por cuestión de orgullo, supongo. Mi padre, que tiene ahora una situación delicada por el problema de su Alzheimer, es consciente de lo que estoy viviendo, me ve feliz, se alegra de todo y me pregunta por lo que hago. Para él fue un shock que yo dejase la empresa familiar porque siempre se vio muy reflejado en mí. Tengo dos hermanos, que trabajan en la empresa, pero a mí era al que siempre llevaba en los viajes y a conocer otros clientes. Fue duro para él pero, un día, estando yo en Canarias rodando “Palmeras en la nieve”, mi madre me lo puso al teléfono y me relató una anécdota de cuando yo era adolescente, en la que después de una noche de juerga y, habiendo dormido apenas 20 minutos y sin quejarme, me fui con él a comprar jamones. Después de recordarla juntos, me dijo algo que nunca, hasta ese momento, me había comentado. “Aquel día supe que ibas a ser lo que quisieras ser”. Recordarlo me sigue emocionando..

-¿Te arrepentiste en algún momento?

“No diría arrepentirme, pero sí que tuve dudas, muchas dudas al principio. Hubo momentos en los que no tenía claro que podría vivir de esto. No fueron dudas por capacidad, por no tener claro que valía para la interpretación, sino porque llegase el momento, mi momento. A lo mejor no llegaba nunca. Hay muchos actores y actrices que podrían vivir muy bien de esto y, al final, se rinden porque no les llega nunca esa oportunidad. Eso sí, nunca me desanimé y, cuando gané mi primer dinerito en el “Salvados” de Jordi Évole, donde tenía una sección, empecé a cobrar confianza. Aunque esa fe en mí siempre me la transmitió Marc Crehuet, el director de “El rey tuerto”. Él siempre me dio libertad y me permitió jugar con los personajes. Eso fue determinante en la autoestima”.

-¿El reconocimiento anima y reafirma la seguridad en el potencial de uno?

“En cierta medida sí, porque lo que hace es abrirte una serie de puertas y te posibilita llegar a más gente, pero el límite siempre se lo pone uno. Hay momentos que soy mi propio enemigo, porque soy muy autocrítico. Soy el primero en reconocer dónde fallé y también, por qué no decirlo, me sorprendo a mí mismo y me digo “qué bien he estado ahí” (risas). Procuro poner distancia entre el “yo actor” y el “yo espectador” porque me sirve mucho para evolucionar. Me gusta ver las cosas cuando están bien, me río de mí mismo e intento corregir cosas”.

-Entonces eres de los que, si estás viendo la tele y ponen una película tuya, no cambias de canal..

“Depende de la peli (risas). No soy nada narcisista, pero ver lo que has hecho te permite rectificar lo equivocado y aprender de uno mismo. “Palmeras en la nieve” ya no sé cuántas veces la he visto ¡y me gusta! porque disfruto con ese trabajo. Y con “El rey tuerto” me pasa lo mismo, sobre todo porque es algo muy mío. Son muchos años con esta historia, primero en el teatro y ahora en la pantalla. Hay mucho de mí en este proyecto”.

-¿Cuándo tuviste la auténtica sensación de que querías “jugar a ser artista”?

“Siempre he sido muy de jugar, tengo un alma muy infantil. Nunca debemos perder de vista el niño que hemos sido y yo lo tengo muy a flor de piel siempre. Y, aunque te parezca una locura, procuro traspasarlo a mis personajes, dándoles un punto naif, tierno. Hay veces que, no sé cómo hacerlo, pero se lo tengo que “colar”.

-¿Alguna vez has sentido que un personaje se ha llevado mucho de ti, que te ha succionado de alguna manera?

“Creo que sí. Les he entregado todo de mí y yo, por mi parte, me he dedicado a “jugar con ellos”. Creo que es la contraprestación perfecta, el intercambio equilibrado”.

-¿Quién se esconde detrás del tipo duro de tus últimas películas?

“Un hombre que es todo lo contrario a lo que interpreta. Alguien muy sensible, que utiliza eso para darle matices a sus personajes y no quedarse estancado en el canalla o el malo. Me gusta interpretar estos personajes porque son mi antítesis y los disfruto. Creo que los lleno bastante de humanidad”.

-¿Cómo es el Alain al que la gente no tiene acceso?

“Un tipo muy sensible, cercano, sincero, voy siempre muy de cara, muy directo, muy impulsivo, de los que no cuenta hasta diez. Siempre digo que al que le guste bien y, al que no, pues también. Es cierto que hay temporadas en las que le quieres gustar a todo el mundo, o al máximo posible de gente, pero es un error. Creo que siempre hay que mostrarse tal cuál uno es. Antes me preocupaba lo que podían decir de mí pero, por fortuna, hace tiempo que ya me da igual”.

-¿Qué porcentaje de suerte, talento, fortuna o casualidad hay en tu éxito?

“Sinceramente, creo que hay un 75% de trabajo porque, te reconozco, que soy muy trabajador. Eso se lo debo a mis años de currante nato, de levantarme a las 6 de la mañana para coger la furgoneta e irme con los jamones a Tortosa o a Figueras. Mi padre me ha inculcado esa cultura del esfuerzo y eso lo he aplicado también en la profesión. Me trabajo un montón los guiones, siempre estoy proponiendo cosas que pueden mejorarlos. Soy un poco pesado para los directores en ese sentido, pero pesado para sumar y hacer a los personajes más míos. En el 30% restante creo que hay una parte importante de talento natural, que es el reflejo de haber entrado tarde en la interpretación y aportar a esos personajes retazos de mi vida. Supongo que eso hace que, en cierta medida, sea un poco diferente”.

-¿Dónde busca el ocio un actor?

“Yo lo encuentro en casa con mi perro, o en el parque con mi perro, también en el parque tocando la guitarra con mi perro, en casa viendo el Barca (risas). Como puedes ver, no soy nada sofisticado. Me gusta disfrutar de los pequeños placeres cotidianos, que son los que más me llenan a mí. Me encanta la rutina bien entendida porque me da mucho orden y equilibrio”.

Y acabamos riéndonos al descubrir que somos idénticamente maniáticos con el orden, que si se va la luz podríamos ir por toda la casa sin tropezar porque sabemos dónde está cada cosa, que los botes del baño ocupan siempre idéntico espacio y que los platos, vasos y variantes del lavavajillas, antes de ponerlo a funcionar, están igual de ordenados que el interior de los muebles de la cocina. Como dice Alain, el chico sensible que se esconde en los tipos duros de la pantalla, “no hacemos daño a nadie siendo así, verdad?”. Pues eso…

 

Entrevista—       Amalia Enríquez

Fotos——–        Brian Hallett

Localización—   Monument Hotel 5GL Barcelona

ELENA FURIASE

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La he visto nacer, crecer y convertirse en la mujer que hoy es. Vino al mundo con los destellos de los flashes pegados a su piel, pero la única luz que le deslumbra es la de los genes raciales que corren por sus venas. Ha respondido a la llamada del arte con el respeto de quien venera la memoria ancestral de su abuela. Y es que descender de Lola Flores exige, como poco, tener un master en carisma y poderío.

¿Recuerdas el momento de ”mamá, papá ¡quiero ser artista!?

“(risas) No hubo ningún día en especial. Desde niña me gustaba mirarme en los espejos, ser muy teatrera, me gustaba que me presentaran y aparecía detrás de una cortina. El artisteo siempre estuvo ahí, pero no me he dado de cuenta que esto es lo mío hasta ahora, que lo estoy viviendo y disfrutando.

¿Y te acostumbras a llevar esta vida “en primera persona”?

“Ha sido un cambio, la verdad. Mi relación con la prensa sigue igual porque, desde niña, me he desenvuelto entre los focos, pero se me hace muy raro cuando me llaman para algo y la única protagonista soy yo. Ahora soy el centro de atención, me cuidan y los que están a mi alrededor es por mí.. Es una sensación rara, pero ¡me encanta!.¿Y sabes una cosa? cuando voy por la calle y me reconocen, ya no soy la hija de Lolita, soy Elena Furiase. Ahí sí que noto el cambio”.

¿Crea adicción ser el centro de todo?

“Sí (risas), ya sabes que yo siempre he sido muy egocéntrica. Siempre me ha gustado llegar a una fiesta y que todos me miraran, o que esté hablando y que todos me escuchen. Mis amigas, cuando empiezo a hablar, siempre dicen: ”¡foco!” y hacen la señal como que encienden uno para que me sienta en mi ambiente… pero, también tengo claro, que tengo que tener cuidado porque no siempre me van a admirar por lo que haga”.

Cuando decides seguir la estela artística ¿tu madre intenta disuadirte o te da consejos?

“Nadie podía hacerme cambiar de opinión así que me dijo, que hiciese lo que me gustara pero que no dejase de estudiar, porque hacer algo de provecho en los estudios en la familia Flores no venía nada mal (risas), pero siempre me ha apoyado. Si yo ahora estoy aquí es porque mi familia ha estado siempre a mi vera.

¿Produce vértigo haber nacido en la familia en la que estás?

“No he conocido otra. Cuando era niña lo asumía con total naturalidad, pero a medida que he ido creciendo y que la gente me admira más por ser una Flores, pues me intimida un poco porque implica mayor responsabilidad y respeto. Yo creo que paso un examen todos los días.

¿Sientes que te exigen más?

“Sí, pero lo asumo con naturalidad. Sé que me miran con lupa, porque mi familia ha dejado mucha huella, mucho arte desde hace cantidad de años. Supongo que esperan que dé la talla. Yo creo que no lo estoy haciendo tan mal y confío, no sólo en dar la talla, sino en mejorar la raza! (risas)

Tuvo que desaparecer tu abuela para que a tu madre le valoraran su talento. ¿Sientes que se repite la historia en ti?

“No. Mi madre es mucha madre y, al margen de la pasión de hija que siento, creo que es una artistaza increíble, que toca todos los palos, que es muy cercana, que se come el mundo. Es amable, muy profesional, que pocas veces ha perdido la compostura, pero Lola Flores era Lola Flores, no ha habido otra igual, era única. Hacía sombra a todas, incluída a su hija. Ha sido la primera y la más, una leyenda. A su lado era imposible sobresalir, porque su fuerza lo concentraba todo. Yo creo que me pesa más ser la nieta de Lola Flores que la hija de Lolita. Nunca me he visto a la sombra de mi madre porque ella ya se preocupa de no hacérmela”.

¿Es tu peor crítica y tu mayor fan?

“Sin ninguna duda, ya la conoces! Siempre me dice lo que piensa y, cuando es algo malo, lo adorna para que quede bien, evitando siempre hacerme daño. Nunca olvido que es mi madre y que puede no ser objetiva pero, aun así, cuando tengo una duda o algún miedo, a la primera que se lo voy a contar es a ella”.

¿Cómo sobrevives a sus opiniones?

“Escuchándole y apropiándome de lo mejor. Mi madre es muy visceral, de las que dice lo primero que se le viene a la cabeza. Hay que reposar lo que me aconseja y luego tomar la decisión correcta”.

¿Recuerdas el mejor piropo que te ha dicho?

“Que le habría gustado ser como yo de jovencita…pero también tiene sus arranques, eh?. Un día estábamos almorzando en casa con un grupo de amigos y, uno de ellos, dijo. ”la mejor actriz de la familia es Elena”. Le salió el temperamento Flores y dijo: ”no perdona, aquí la mejor actriz de la familia soy yo! A mi hija, como actriz, le doy una patada”. Creo que esa ha sido la peor crítica que me ha hecho” (risas)

¿Una, cuando se dedica a esto, está preparada para perder la intimidad?

“Creí que lo estaba pero, después de las fotos robadas del falso topless que me hicieron un verano hace años, cuando estaba en la playa con el que era en aquel momento mi novio, pues me he dado cuenta que no lo llevo tan bien. Yo no hago topless en la playa, pero esperaron un gesto mío, en el que se me viera el pecho descubierto, para vender las imágenes y cogerme de esa forma. Con esas fotos se violó mi intimidad y fue un shock para mí. Ahí me di cuenta que ya no soy una persona privada”.

Y nos quedamos charlando y recordando las múltiples vivencias que hemos compartido. Da un poco de vértigo ver cómo pasan los años en los ojos de quien ha evolucionado bajo tu atenta, cercana y minuciosa mirada. Y ese transitorio aturdimiento se convierte en orgullosa satisfacción al comprobar que, como ella quería, ha llegado a mejorar la raza.

 

entrevista——       AMALIA ENRÍQUEZ

Fotos———–       JUAN TEJADA

Localización—      HOTEL INDIGO Madrid

Coordinación—    GABLONS Comunicación

JUAN AVELLANEDA

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Cuántas veces nos preguntamos qué es el glamour, la clase, el estilo. No siempre encontramos la respuesta apropiada, pero siempre acabamos llegando a la conclusión que es algo innato, que no se aprende, que se lleva, que nace con uno. Ver aparecer a Juan Avellaneda e imaginar cómo disfruta de la vida desde ese 1,91 de estatura, me reafirma que se lleva en los genes. Es educado, sonríe con facilidad y se muestra accesible a medida que avanza la conversación y toma confianza. Posiblemente los entendidos en el mundo fashion tienen razón y sus diseños son el fiel reflejo de su personalidad.

-¿Cómo aterriza un chico como tú en el mundo de la moda?

“Siempre he tenido relación y trabajado con varias firmas de lujo, en todo lo relacionado con accesorios, ropa masculina y demás, pero siempre como marca blanca. Yo diseñaba para ellos y le ponían la firma que tocaba, ya que colaboraban con varios grupos. Sin embargo, tenía en mi cabeza la posibilidad de hacer algo propio. Sabía que era más fácil seguir como lo estaba haciendo, porque  este mundo del diseño siempre ha sido muy competitivo, pero decidí probar”.

-Y te convertiste en empresario y autónomo..

“Exáctamente! Hice una primera colección tipo cápsula, la presenté en Santa Eulalia,  en Yusty ¡y la compraron! Fue una sorpresa enorme porque eran firmas muy destacadas y era extraño que aceptaran algo de forma tan rápida. La colección se vendió muy bien y eso me animó a probar en la realización de una segunda pero, esta vez, ya total look, una colección primavera/verano”.

_¿Cómo se siente uno siendo su propio jefe y no recibiendo ordenes de nadie?

(risas) “La verdad que muy bien porque tienes la libertad de tomar las decisiones que crees correctas. Es verdad que tengo un equipo en el que me apoyo, ayudo y confío no solo en la oficina, sino también fuera de ella. Tengo muy claro que te tienes que rodear de los mejores en cada campo, por eso tengo conmigo a los que considero mejores en estilismo, fotografía y se han convertido en grandes asesores”.

-¿Sabes delegar?

“Me cuesta un poco, esa es la verdad. Ocurre mucho esto en el campo del diseño. Yo comento con ellos cómo queremos hacer una prenda pero, el toque final, es inevitable que lo acabe danto yo. Es responsabilidad mía el que esos pequeños detalles, que hacen marcar la diferencia, sean perfectos”.

-¿Alguna vez te has arrepentido de haber “volado por libre”?

“Nunca, nunca, nunca. He tenido mis traspiés, momentos duros iniciales, pero jamás me hicieron replantearme dar marcha atrás o dejarlo todo. No hay duda que, a veces, he pensado que estaba loco por asumir todo lo que tenía encima, sobre todo cuando empecé a ver las campañas de grandes firmas y los presupuestos que manejaban, que nada tenían que ver con lo mío.. pero este mundo es de los que arriesgan”.

-¿Por qué el diseño del hombre?

“Porque yo creo que es el gran olvidado. Las mujeres teneis muchas opciones, mil estilos y habéis vivido una evolución estilística muy importante. El hombre, sin embargo, se ha quedado encorsetado en un tipo de moda y, de ahí, le cuesta mucho evolucionar. Para mí el reto estaba en cómo girar todo y hacer a un hombre contemporáneo. Tenemos el hombre clásico, por un lado, y el que sigue la moda desestructurada, por otro. En el medio está el que yo quiero vestir: contemporáneo, sensible, que reutiliza prendas clásicas pero que les da una vuelta, que utiliza los colores que no son solamente el navy. Yo quiero cubrir ese hueco que hay en medio, vistiendo a un estilo de hombre con el que yo me siento identificado”.

-En la época en la que la gente apuesta por la moda low cost ¿no es una locura dedicarse a la high cost?

“Es locura yes también reto. Mi lujo está en los materiales que utilizo, no represento el lujo que la gente entiende como tal. Hacerlo así es un dificultad añadida, pero también hay mucho cliente que lo busca. En la vida, al final, todos nos guiamos por el tacto, por la mirada. En la moda también. No es lo mismo tocar una prensa de una firma low cost que otra que está hecha de un cashmere fabuloso”.

-¿Cómo es el “chico Avellaneda”?

“Es un hombre masculina, con una sensibilidad tanto social como estética, sensible por la moda, un hombre que viaja, con la mente abierta, que le gustan los buenos materiales y los diseños que le dan una vuelta a todo”.

-Tengo la sensación de que tu moda no es para gente con sentido del ridículo..

“La verdad es que no y hay mucha gente retraída, en ese sentido, en España. Soy consciente que, en mis colecciones, hay prendas que a la gente le cuesta vestir. El problema no es que la gente no vista algo porque no es atrevida. No lo hacen porque temen “el qué dirán”. En mi clientela hay gente un poco más clásica y otra más atrevida. Al final, todas engloban un mismo tipo de look. La campaña, que está ahora en tiendas, inspirada en Alain Delon y Dalí, tiene algunos diseños que solo pueden vestir aquellos que tengan un poco de valentía”.

-¿Es necesario un ambiente especial para que llegue la inspiración?

“Para inspirarme no, pero sí me traslado mentalmente algún ambiente. Mis colecciones, si es verdad, que están inspiradas, de forma muy camuflada, en algún elemento asiático. Y siempre hay mucha, mucha inspiración en el mundo mediterráneo como cultura y estilo de vida. Intento huir de lo clásico, pero sabiendo que tengo que poner en las prendas una serie de elementos clásicos.. pero con un giro”.

-¿Cuál sería tu fondo de armario imprescindible?

“Pantalón blanco o navy y camisa blanca, con el ribeteado marca de la casa, que lo he incluido desde la primera colección. Es una manera de incidir en pequeños detalles. También una blazzer con algún pequeño giro que la haga especial. Son tres prendas imprescindibles en el armario de un hombre”.

-¿Cómo se consigue innovar en la moda masculina?

“Yo creo que siendo fiel a las intuiciones y a lo que quieres transmitir. Cuando ves una silueta, sabes lo que le quedaría bien y lo que no, qué le pondrías a un cliente y lo que nunca se te ocurriría. A veces nos frenamos a nosotros mismos, pensando que esto o lo otro no es comercial, o no es masculino. Tenemos que pasar un poco de todo eso y guiarte por lo que tu instinto te dicta”.

Y nos quedamos largo rato charlando sobre “lo divino y lo humano”, siguiendo ese instinto. Hicimos un repaso al mundo de los bloggers de moda, las it girls y los desvaríos que generan ciertos artículos. Quedamos en celebrar “algo” cuando el tiempo nos acabe dando la razón. Es posible que la cuenta atrás ya haya comenzado..

 

Entrevista——- Amalia Enríquez

Fotos———— Brian Hallett

Localización— Monument Hotel 5GL Barcelona

Coordinación—Gablons comunicación

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